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La Coctelera

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Sobre caminos, sueños y entropías...

21 Septiembre 2014

Querida Lucía

Querida Lucía, ahora que he llegado a Finisterra, después de un mes caminando, creo que es el momento adecuado para escribirte.

Los puntos puede ser finales, punto y seguido o puntos y aparte, que terminan una situación para empezar otra pero manteniendo el hilo de una historia. Voy a considerar este camino que acabo de recorrer solo, como un punto y aparte en mi vida.

Desde este faro alejado de todo, te deseo la mejor suerte del mundo y que encuentres tu camino, como yo creo haber encontrado el mío que, por cierto, me lleva muy lejos de ti. Hasta la vista.

Adrián.
Psdt. : Creo que deberías haberme acompañado. Hace mucho tiempo ya que no somos una pareja. Solo somos uno mas uno y eso, en estos casos, nunca suma dos.

Destinataria: Lucía la Luna Callejón del Aire, 22
95959 - Esperanza
Firmado: Adrián.

Microcuento presentado al I Concurso Microrrelato Postal - Club de escritura Fuentetaja

97 votos, leído 375 veces. Gracias a todos.

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21 Septiembre 2014

Tragedia Griega. (#HistoriasdeBar)

Permitirme que me presente: yo soy la chica que pone todos los días las calles, llueva o nieve, amaneciendo aún sin salir el sol, todos los días a las 5:30 Rita abre puntualmente el bar.
Levanto antes la persiana de lo que consigo quitarme mis legañas, aunque, ahora que lo pienso, de tanto repetir los mismos gestos todas las mañanas, casi los podría hacer con los ojos cerrados: hay que apagar la alarma, recoger los periódicos de la reja, conectar las luces, encender la plancha...

-Todos los sistema encendidos y funcionando - me digo a mi misma interpretando un papel estelar - nivel de potencía correcta capitán. La nave Enterprise esta lista para despegar hacia las estrellas una vez MAHHHHHSSSSSAINNSS¡... (léase un grito desgarrador que rompe la paz de la madrugada)

La sonrisa que esa pequeña broma inventada en la soledad de las madrugadas, haciendo como qué las luces y los pilotos de los distintos aparatos que voy encendiendo forman parte del equipamiento de la famosa nave espacial, se me ha helado en la cara de repente...

-No. No puede ser. ¡Catástrofe!. Muerte y destrucción . Tragedia Griega... La cafetera ... las luces de control... están todas... APAGADAS !Horror¡ - me digo. Me grito mas bien, a mi misma, sola como estoy aún en el bar, mientras miro a mi alrededor buscando consuelo y luego a la cafetera con una expresión, mezcla de incredulidad y terror, pintada en la cara.

Ya que de los muchos y variados problemas que pueden surgir en el día a día de un bar, el que se estropee la cafetera es uno de los mas grave, terribles y desastrosos que pueden suceder.
Si no va la tostadora, está la plancha. ¿Se estropea el termo de leche? Caliento con el microondas. ¿Que el exprimidor no funciona? se hace el zumo a mano o se saca un botellín... ¿pero la cafetera? ¿Como se sustituye una cafetera? ¡Eso es, sencillamente, imposible!

La cafetera es la reina del lugar. De hecho casi siempre ocupa su lugar en el centro del escenario: es la contrabarra. Grande, luminosa, incapaz de ser discreta, una vedette sabedora de su poder sobre sus numerosos súbditos: los amantes del café.

Ya no se concibe un Bar, a los que también se les llama cafeterías por algo, sin la rotunda presencia de una señora maquina de hacer café. Con más o menos brazos, diferentes tamaños, luces, moderneces o las de aspecto clásico... pero siempre allí. Reinando por derecho propio desde el centro de su pequeño universo cafetero. Flanqueada por sus fieles tropas, a un lado los molinillos: normal y Desca, por lo menos siempre suelen ser dos. Al otro el termo de leche y los platos, siempre hay que tener cerca la leche condensada, las cucharas y los azucarillos o la sacarina. Y que me dicen del cajón de los posos. Esa enorme boca negra que traga con todo lo que ya ha sido usado, la materia prima, para hacer el café.

No es posible sobrevivir sin la cafetera, a un día de actividad normal. ¿Que hará Emilio, el encargado de la Obra, que es siempre de los mas madrugadores? Que haré cuando me pida su cortado descafeinado de maquina, largo de leche... Ponerle delante esa primera taza, cuando la maquina está ya preparada, con la temperatura y la presión correctas, es como el pistoletazo de salida a una nueva jornada. Se lo toma él antes de que me prepare el mio.

Me he quedado helada, paralizada, sin saber que hacer. No hay ninguna nota en en tablón, donde mis compañeros de la tarde/noche me dejan las incidencias o faltas que hayan podido encontrar... no sé que hacer...

De repente escucho un vehículo que se acerca y que frena delante de la persiana, aún medio bajada, del bar.
-Que raro -pienso- aún es muy temprano para que vengan los proveedores. El primero es el panadero y viene andando desde la calle de al lado...

-Pam, pan.
Dos golpes secos a la persiana.
-Rita. ¿Estás ahí? - me pregunta una voz masculina. Soy Andrés, el técnico de la Cafetera.

-Ahhhhh!!! - otro grito desgarrado, y el pobre Andrés se debe de haber pensado que me pasaba algo malo, porque ha levantado la persiana de golpe...
-¿Pero que te pasa chiquilla? -me pregunta con cara de susto entrando en el Bar.
-Nada, nada Andrés, es alegría de verte - le contesto mientras me cuelgo de su cuello dándole un abrazo.
-Es que veras... - empiezo a contarle...
-Ya lo sé. ¡No va la cafetera! - me contesta, dejándome con la boca abierta, a mitad de la explicación.

-Verás -me dice mientras delicadamente, me cierra la boca empujando mi mandíbula hacia arriba - ayer por la noche llamé a tu compañero y le dije que la apagara del todo porque hoy, a primera hora os traería el nuevo modelo que nos ha llegado de Italia. Parece ser que intento dejarte el recado en el contestador y te envió un mensaje para que no te asustaras si hoy al abrir, la encontrabas apagada. Como no le constestaste a ningún mensaje, me volvió a llamar a mi, y yo le aseguré que, a primerísima hora, estaría aquí.

-Pero si mi teléfono está - y mientras le digo eso, rebusco en el bolso, para encontrar al fin un cadáver de móvil - ...sin batería!
-No pasa nada - me contesta Andrés, caminando hacia la puerta. En diez minutos está esto arreglado. Ve bajando las sillas que yo me ocupo de todo.

En diez minutos, ayudado por otro amigo que estaba en la furgoneta, los chicos han cambiado las cafeteras y me han dejado un surtido de promoción de sus mejores cafés.

Mientras estaba atendiendo a las instrucciones de Andrés, tan cerca los dos en esa contra barra tan estrecha, me he podido dar cuenta de que me gusta su olor. Está fuerte el chico y las veces que nos hemos tropezado, me ha dejado un poco más de lo normal la mano apoyada en mi cadera. Visto, de cerca, este chico me gusta...

Al terminar sus explicaciones, justo antes de que se marchara y se cruzara con Emilio en la puerta, he salido a despedirlo. reconozco que me he acercado adrede, un poco mas de lo normal para darle un beso en la mejilla y decirle que esta noche, trabajo en el Pub de mi amiga Toni y que si quiere pasarse, está invitado a una copa... y a lo que surja.

Me ha encantado ver la carita de susto que se le ha quedado. Decididamente, esta noche toca la minifalda y las botas de caza... Andrés no sabe quien es Rita... por ahora.

Parada en la acera, miro hacia donde sale el sol y veo que sus primeros rayos empiezan a iluminar el callejón del Aire. Respiro hondo, sonriendo, mientras por detrás Emilio, tan renegón como de costumbre ya está reriminandome que no tiene su café delante.

-Calla pesado - le repico- si tu supieras lo que me ha pasado de buena mañana.
-¿Cafetera nueva, eh? -me contesta- a ver si hace tan buen café como la otra...

Mientras le escucho protestar, ya he puesto moa molinillos en marcha y mi movil a cargar.
Justo a tiempo. Cuatro estudiantes tempraneros entran por la puerta. La mañana será larga, pero voy sonriendo porque, a lo mejor, la noche lo es más. Seguramente hoy tendré que tomar un poco más de café...

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21 Septiembre 2014

Cruzando las piernas

"Cuando veas a una mujer leyendo abstraída y observes cómo se muerde los labios, cruza y aprieta sus piernas, se revuelve inquieta en su asiento o respira de forma agitada... seguro que su imaginación, sus sueños más húmedos y secretos, están volando directamente hacia su clítoris, excitándolo y haciendo que pueda llegar a tener un orgasmo, sin que nadie la toque"

Y tras decirme esto muy seria, mi amiga Sofía: una pelirroja despampanante de las que hacen que vuelvas la cabeza cuando pasan a tu lado, dejó su cerveza suavemente en la mesa, cruzó sus larguísimas piernas y me sonrió dulcemente.

- Tú eres un chico observador, de los que seguro, se dan cuenta de eso... - Me dijo guiñando un ojo.

Sus palabras resuenan ahora en mis oídos en este vagón, casi vacío, de un tren nocturno que me lleva de vuelta tras un agotador día de trabajo, porque, casualmente, dos filas de asientos por delante, frente a mí, hay una mujer que me las ha recordado... Alta, pelirroja y muy atractiva. Lleva un vestido azul oscuro, abotonado por delante y el pelo recogido en una coleta alta. Desde que el tren se ha puesto en marcha no ha dejado de mirar su móvil... y no ha parado de sonreír...

Quizá haya sido ese gesto casi imperceptible de frotarse una pierna contra la otra, lentamente, lo que ha llamado mi atención. Desde donde estoy puedo oír el roce que produce la tela contra su cuerpo y me he puesto a fantasear sobre lo que podría estar leyendo, al recordar las palabras de Sofía...

¿Con quién estaría hablando?, ¿Qué o quién le esta haciendo sonreír? Parece una conversación íntima... Una luz especial brilla en su rostro y cambia de postura en el asiento: jugando con su pelo, cerrando los ojos... Todos estos indicadores han disparado mi imaginación... ¿Qué podría decirle a una mujer como ella, para lograr iluminar su cara con esa alegría tan particular?... ¿Quizá podría empezar alabando su vestido?... El ruido monótono del tren, mi cansancio, me colocan en un estado mental idóneo para dejarme llevar por las alas de la fantasía. Cierro los ojos y la imagino leyendo y contestándome:

- ¿Sabes que me ha gustado ese vestido que llevas puesto? ¿Que no te he quitado ojo desde que has subido al tren? Abotonado por delante, que siempre implica mucho peligro, con ese tejido tan fresco y ligero... Nunca sabes si un botón más o menos es casualidad o una trampa. Quizá haya botones que no se abrochan adrede, y en un falso movimiento puede que dejen al descubierto algo inoportuno. A lo mejor un poco más de ese escote tan apetecible.

- Esas sombras casuales e inocentes... ¡O no! - imagino que contestas, mientras veo, desde mi asiento, como introduces la mano en tu escote y acaricias lentamente esa piel tan suave, desde tu pecho hasta el hombro. Gracias a ese movimiento puedo ver el color azul oscuro del tirante de tu sujetador.

- El vértigo de un calado, un inocente tirante que se deja ver... - te digo, atrevido.

- Inocente solo cuando no se sabe observado. Hay sombras que tienen vida propia - contestas mientras veo cómo te quitas los zapatos...

- Y sobre todo, la tensión que la gravedad provoca. Dejando ese hueco entre el tirante y la piel. Un espacio delicado y delicioso. Justo los centímetros necesarios para que mi dedo índice no tenga problemas para apartar la fina tira de suave tela, dejando tu hombro al descubierto...

- Irremediablemente el otro tirante debería caer. ¿No? Pero es complicado con el vestido puesto... - apuntas.

- Quizá un botón desabrochado casualmente ayudaría, dejando despejado el camino del deseo. Desde tu cuello a la profundidad de tu escote: el mejor lugar que se me ocurre donde bucear a pulmón...

- Mis pulmones empiezan a coger aire sin mesura, al ritmo de las mariposas que se me han colado dentro. - contestas acariciándote la nuca, jugando con tu pelo. Desde mi asiento observo cómo se acelera tu respiración. - ¿Tan fuerte es tu imaginación que ni siquiera ves mis ojos brillar? ¿Qué harías si te encontraras delante de esas sombras?... ¡Cuéntame! Quiero saber qué harías, o mejor, que me cuentes qué serías capaz de hacer. El viaje es largo, no te preocupes, tenemos tiempo - me provocas sonriendo de lado, mientras observo cómo cruzas las piernas otra vez.

- Imagino que nos encontramos, casualmente, en la plataforma del tren y sin necesidad de hablar, aprovechando el estrecho pasillo, mi mano se cuela intrépida, por debajo de tu pelo acariciando tu cuello y mis labios recorren decididos, el camino sin retorno hacia los tuyos. Fantaseo con que soy capaz de fabricarnos ese instante mágico y eterno, en el que me detengo delante de tus mariposas, las miro despacio a los ojos y te arranco los miedos a besos...

- Menos mal que la pared está cerca...- me dices, esperando más - tus besos consiguen quitarme los miedos y desequilibran mi centro de gravedad. Siento ese olor a deseo, tan característico...

- Tus manos buscan mi cabeza - sigo - Mis labios, bebiéndose tus urgencias. La danza de las lenguas silenciosas, gritando el deseo. Mi cuerpo pegado al tuyo proclama las ganas de explorar, no solo los cajones evidentes, sino hasta el último rincón de tu existencia... - te escribiría mientras te veo revolverte, nerviosa, sobre el asiento mientras me lees - Y tú notas mi urgencia animal a través de la fina tela y levantas una pierna, atrapándome en tu red de piel y saliva. Me pegas a ti, quieres sentir mi peso sobre tu cuerpo, mi calor en tu piel, notar mis manos subiendo lentamente la tela de tu falda, buscando tu calor más húmedo y exigente.

- Es ahora cuando mis dedos se pasean desde tu boca a los botones de tu camisa, quieren empezar a enredarse con el vello de tu pecho - me escribes, visiblemente excitada - te rodeo con mi pierna, decidida a sentir el calor de tu epicentro y mientras ,acelerada, desabrocho esos botones.

- Acaricio tus muslos suaves, pregoneros de la dulzura de tu sexo. Aparto, delicado, la tela mojada de tu ropa interior y rozo, con mis dedos apenas, los labios de tu sur ardiente. Observo tu cara, tienes que tomar aire y puedo percibir como un escalofrío recorre tu espalda. Tengo que cogerte por la cintura cuando empiezo a entrar sin contemplaciones, con mis dedos, dentro de ti...

- Siento mi humedad como un reclamo para tu excitación - escribes mientras veo como juntas tus piernas.

- Abres la boca buscando aire cuando rozo tu botón del placer. Imagino tu clítoris excitado, mientras tus dientes buscan mi cuello para morder. "Cabrón" me susurras al oído mientras me muerdes...

- Flaqueo pero tengo que mover mi cadera para que profundices sin piedad. Me recorre un pinchazo con tu embiste. - escribes visiblemente excitada. Los ojos brillantes, tensa, respirando cada vez más rápido.

- Dentro, fuera... Uno, dos dedos mojados. Completamente empapados por tu excitación, el deseo brilla en tus ojos. Te apartas para que pueda observarte a placer, acomodas el culo contra la pared y abres un poco más las piernas...

- Y yo me derramo esperando que liberes la tensión. ¿A qué esperas? Mis rodillas ya se mueven sin orden. Soy toda tuya.

- Respiras agitada, y te agarras a mi cuando empiezo a acariciar tu clítoris. Lo noto excitado, muy sensible. Con cada caricia se te escapa un gemido... Estás completamente mojada, me faltan manos para satisfacerte. Mantengo el ritmo, mientras te atrapo la pierna libre entre las mías y te acaricio, cada vez mas deprisa... Tus pupilas se dilatan, tu respiración se acelera cada vez más. Los pezones te duelen de soportar tanta excitación...

- Voy a llegar al éxtasis, voy a correrme en tus manos, pero también necesito probarte - me dices mientras tus piernas se encogen involuntariamente - Deseo sentir la mezcla de nuestro sabor.

- Las damas primero - susurro sin dejar de acariciarte - Y muerdo tu cuello y tu oreja. Me gritas: "No pares ahora". El ritmo sostenido, empieza a hacer temblar tus rodillas y los gemidos te nacen de muy adentro. Inclinas la cabeza hacia detrás y sueltas un grito que no has podido contener. Repaso tu cuello con la punta de la lengua, mientras los espasmos de tu orgasmo atrapan mis dedos dentro de tu sexo... Caliente, mojado, suave... Tan suave... cada leve movimiento de mi mano es un escalofrío. Sujetas mi mano para que pare, pero dejándome atrapado para notarme dentro de ti.

- Mis paredes interiores te aprietan - es evidente que casi no puedes escribir - La humedad te permitiría resbalar sin problema mientras mis piernas siguen temblando al ritmo de mi interior. Mi pierna cae y con ella me apoyo para ver el brillo del deseo en tus ojos mientras los espasmos siguen sucediéndose, mientras me corro en tus manos.

- Necesitas unos segundos para recuperar el ritmo de tu respiración. Y cuando al fin me miras saco despacio los dos dedos y lentamente los meto en mi boca saboreándote... ¡Que maravilla!

- ¿Ves?... ahora ya has provocado mi sed. - Me retas, a la vez que te observo como repasas tus propios labios con tu lengua con ese movimiento tan sexy.

- Me encanta provocar... Cosas... - te contesto desafiante.

- No puedo dejar de mirarte mientras me arrodillo despacio delante de ti, observando tus ojo. Abro el cinturón y bajo la cremallera. Acaricio con los labios y con la mano tu sexo, todavía prisionero, notando su tamaño y sus ganas de salir. Me veo reflejada en el lascivo brillo de tus ojos excitados y te susurro, provocadora: "Voy a acercar mi lengua y quiero jugar a moverla en círculos por tu punta, con suavidad. ¿Quieres?" - me preguntas sonriendo con picardía, mientras dejas salir de su prisión a mi sexo duro y expectante.

- Despacio, me encanta... - acierto a decirte, porque es todo un reto mantenerte esa mirada.

- Voy a jugar pasando la lengua sobre esa piel, tan delicada, mientras tú me agarras el pelo para no dejar de mirarnos. Necesito chuparte. - Me vas describiendo lo que piensas hacer, sabedora de que ese juego dialéctico solo hace que aumentar considerablemente mi excitación. Mi polla está dura y desafiante delante de tu boca.

- Ahora soy yo el que necesita apoyarse contra la pared, al notar como tu boca me atrapa sin tener piedad - te digo mientras siento tus dientes, tu lengua, recorriendo mi sexo. Atrapado entre tu lengua y la pared, solo puedo observar como tu boca, comienza a chuparme sin dejar que la lengua se aparte del glande - Estoy a tu merced. Confieso. - te observo mientras escribes y juraría que estás teniendo otro orgasmo... has encogido otra vez las piernas y un escalofrío ha recorrido todo tu cuerpo, supongo que al imaginarte interpretando la escena.

- Me cuesta respirar, me llenas y siento tu deseo, grande y duro, palpitando en el interior de mi boca. Agarro con mi dedo anular y pulgar la base. Aprieto. Y succiono a la vez.

- Recojo tu pelo, lo atrapo en mi mano... Te acaricio la nuca... Noto como me estas devorando y me encanta... Ohhh esa bendita presión.

- Me gusta sentir tu calor, tu dureza en mi boca - escribes sonriendo.

- Estoy tan excitado... - te confieso.

- Tú me tiras del pelo al sentir la presión de mi boca, quieres verme la cara. Quieres observar como te como sin ningún pudor, devorándote entero.

- Estiro de tu pelo. Te miro a los ojos... Y te digo: ¡quiero follarte! Quiero llenarte entera, quiero estar dentro de ti - los dedos vuelan solos en el teclado y noto cómo mi sexo está tan excitado que bastaría un roce para que estallara... el juego está jugando conmigo también...

- Sin embargo yo quiero que te desbordes en mi boca, Te permito cualquier lugar entre mis piernas para tu descarga, tus empujes, tu deseo, pero después. Y mientras empiezo a tocarme el clítoris, sabiéndote a punto, te miro y te pido: Yo te dejo mi boca. Me gustaría sentir como arde mi garganta con todo tu calor.

- Tu deseo me gusta, me excita... Y en el último instante me dejo llevar y vuelves a apoderarte de mí... está bien, me encanta tu boca... - acierto a susurrar casi sin aire.

- Noto tus gemidos. Voy a redoblar mis ataques. Mis mandíbulas ansiosas. Mi mano se mueve girando y mi cabeza sube y baja...

- Tengo todos los gemidos del mundo preparados para ti. Me vuelve loco ese brillo de puro deseo animal en tu mirada... - soy incapaz de hablar, solo puedo agarrar tu pelo y gemir de placer.

- Mientras mi lengua sigue saboreando tu suavidad. Forcejeo con tu erección hasta que consigo que pase al fondo.

- Me excita verme desparecer dentro de ti... - abro asombrado los ojos.

- Y es ahí cuando, notando la fiebre del deseo y el movimiento de mis dedos sobre mi clítoris, deseas tomar por la fuerza mi orgasmo. Quieres hacerlo tuyo. Mueves fuerte, pero sin prisa, tu cadera para notar mi garganta atrapando tu polla. Sentir como mis labios se ajustan presionándola con fuerza mientras me penetras.

- El roce de tu lengua, tus dientes, notar como está toda dentro de ti... Me excita, estoy a punto y lo ves... Un movimiento mas y... Ohhhh... jodeeeeeeerrrrrrrrr...

- Estoy tragando a ritmo de espasmos. Apretando mis piernas.

- Me tengo que sujetar a la pared, mientras con una serie de espasmos incontrolados, me derrito en tu boca

Un respiro. Necesito un respiro y tú también... te atusas el pelo, dejas el móvil en el asiento... miras a tu alrededor, pero, afortunadamente, no puedes verme... Te vuelves a atusar la melena, humedeces tus labios y cruzas tus piernas por enésima vez.

- Necesito un minuto para recobrar el aliento. Mientras las últimas gotas resbalan perezosas por mi muslo, te miro desde arriba y estiro de tu brazo para levantarte.

- De pie delante de mí, me susurras al oído juguetona: "Esto te pasa porque dejaste caer mi tirante".

- Sonrío y te beso. Suave, pero firme. Apretando mi cuerpo contra el tuyo, bebiéndome tu calor. Oliendo tú deseo de mujer.

- Yo, mientras, acomodo tu sexo con cariño dentro del tejido que lo recubría. Te beso el cuello y te muestro el tirante en cuestión: Nunca un trozo de tela tan inocente provoco tal incendio... - me dices sonriendo satisfecha.

- El deseo está en la mirada - te contesto. Apenas sin fuerzas para escribir - en las ganas de jugar... El tirante es la excusa...Bonita, pero excusa...

- También tienes razón. ¡Benditos juegos!

- ¡Amén!

Un golpe brusco me despierta. Estamos entrando en la ciudad y me había quedado dormido. Enfrente de mí, al fondo del vagón, la mujer pelirroja tiene los ojos cerrados y la cabeza apoyada contra el cristal, las manos entre las piernas y un rubor pintado en sus mejillas... No puedo dejar de pensar en las palabras de mi amiga... ¿y si, no ha sido todo un sueño?

Al llegar a destino he levantado la vista y nuestras miradas se han cruzado un instante y, como si ella hubiera sido capaz de leer mis pensamientos, me ha regalado una hermosa sonrisa, justo antes de alisarse la falda y bajar del tren.

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Los viajes en tren son propicios para encuentros interesantes. Viajar abre la mente y los poros de la piel están más predispuestos a absorber sensaciones nuevas. Todas estas que os acabamos de contar nacieron en un viaje imaginario de un tren entre las nubes que nos llevó a Recapitulandodesdeayer y a un servidor muy, muy lejos...

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29 Marzo 2014

Vértigo

- Espera, no cierres, por favor!!!

El grito llega justo a tiempo. Pongo la mano en la célula fotoeléctrica y las puertas del ascensor vuelven a abrirse.
- Gracias - me dice una sofocada desconocida-. Creía que no llegaba, no es fácil correr con taconazos y esta falda tan estrecha...

Estrecho si. De pronto la caja del ascensor se convierte en un espacio muy pequeño. Ella no es muy alta, uno sesenta y algo, más o menos. Morena, melena rizada, vestido negro con la falda por la rodilla, taconazos y medias negras. Un pañuelo tapando estratégicamente su generoso escote; labios rojos y sensuales, manos pequeñas con las uñas cuidadas y pintadas del mismo color que los labios. Unos discretos pendientes, un bolso de marca y un buen reloj completan su atuendo.

- ¡Oye! - Su voz me devuelve a la realidad después de la radiografía - ¿Estas sordo? ¿Me puedes decir a que piso vas, por favor?

Está muy guapa con el ceño fruncido, pero su gesto de enfado me sugiere que conteste rápidamente.

- Discúlpame, no te había oido. Voy al último piso - le contesto educadamente, esperando que no se me haya notado mucho el rápido repaso que le he dado a su aspecto.
- Menos mal que has despertado... - me contesta, mirándome de reojo y con cara de pensar que, seguramente estoy un poco atontado, lo cual me provoca una media sonrisa.

Ella pulsa el botón del último piso de la Torre: el 65, y me da, orgullosa, la espalda dejándome sin saberlo que acabe de componer completa, su imagen.

El ascensor cierra las puertas y empezamos a subir los dos solos hasta el último piso de la torre más alta de la ciudad. Ella sigue de espaldas mirando fijamente las paredes de cristal muy concentrada en su enfado. De pronto se gira y me pregunta a bocajarro:

- Oye... Porqué las paredes son de cristaaaaaaaallllllllll????

Un grito inhumano ha salido de su garganta, cortando la pregunta que estaba haciéndome. Parece mentira que un cuerpo tan menudo pueda tener esa potencia vocal - pienso - ¡Me ha dejado sordo!. Y eso no es todo, de un salto se ha agarrado a mi brazo y está clavándome las uñas con todas sus ganas.

- Auuuuu! - Ahora soy yo el que grita, pero parece que mi grito no le afecta lo más mínimo - ¿Pero que te pasa?

- Ascensor. Cristal. Subir... ¡Vértigo! - acierta a gritarme, mirándome fijamente aterrorizada.

Miro a mi alrededor y entonces la entiendo: el ascensor va por la planta tres y desde ese piso hasta el 65 es exterior. Un minúsculo prisma de cristal subiendo lentamente pensado para que se puedan admirar las vistas de la ciudad. Una delicia para cualquier persona... salvo que sufra de vértigo.

- ¿No sabias que era un ascensor panorámico? - le pregunto, a la vez que aprovecho para acercarme un poco más a su cuerpo, que tiembla como una hoja - Se construyó precisamente para eso, para disfrutar del paisaje. Precisamente ahora al atardecer, es cuando las vistas son más bonitas. Mira - le sugiero.

- No. Por favor - me ruega, mientras entierra su cara en mi pecho - no me hagas mirar. Sufro de vértigo y para mi es horrorosa esta situación. ¿Por qué piso vamos? - me pregunta mirándome directamente. Y puedo ver el terror pintado en el fondo de sus preciosos ojos verdes

- Piso 10 - contesto. Y se estremece. - Todavía faltan más de 50 pero todo está bien - le digo intentando transmitirle seguridad. A la vez que le paso mi brazo libre por encima del hombro, quedando así estrechamente abrazados y puedo comprobar que huele muy, muy bien. - Venga mujer, tranquila, que este ascensor es completamente seguro. Lo sé bien, porque es un diseño mio.

Al escucharme decir eso, sus ojos se convierten en dos estrechas ranuras que destilan un inmenso odio hacia mi persona, me temo.

- No se puede decir que sepas como tranquilizar a una chica en estas situaciones - me contesta con voz enfadada - al subir a este odioso ascensor me has parecido un pelín atontado y ahora, en medio de un ataque de pánico, ¿solo se te ocurre decirme que esta trampa mortal, la has diseñado tú?... te estás cubriendo de gloria chaval.

- Pero, lo he conseguido ¿Ves? - le contesto sonriendo. Sin soltarla del abrazo, claro. Me gusta sentir su calor. Al acercarse tanto, al estrecharse contra mí la profundidad de su escote ha adquirido dimensiones verdaderamente peligrosas... Un abismo tentador que me encantaría explorar despacio. Puedo notar su respiración agitada contra mi pecho y eso me excita todavía un poco más. Mi mano libre ha recorrido su espalda, suavemente, notando los finos tirantes de su ropa interior. Son dos hilos finos, lo que me lleva a imaginar puntillas delicadas y sutiles... y eso sigue excitándome un poco más. Me temo que de un momento a otro y dada la cercanía de nuestros cuerpos va a ser imposible disimular mi incipiente erección. Y este ascensor panorámico no se caracteriza por su rapidez...

- ¿Qué has conseguido? - me replica, todavía enfadada pero un poco más interesada. Ha relajado la presión sobre mi brazo, sin embargo sigue muy cerca y no rechaza mi estrecho abrazo. Me mira fijamente, muy seria. Y esta preciosa, tentadora.

- He conseguido distraer, un poco, tu atención y hemos avanzado hasta el piso quince. Al volcar toda esa ira sobre mi te has relajado y has olvidado tu problema. Ahora me miras de otra forma, creo que ya no te parezco tan atontado. He captado tu atención y, a partir de ahora, quiero que te relajes y te concentres solo en mi voz - mientras le cuento eso, mi mano ha ido bajando estratégicamente por su espalda hacia territorios más emocionantes...

- Vale. Si. Es cierto... Pero como no quites de inmediato tu mano de mi culo, por mucho vértigo que tenga, la hostia que te vas a llevar va a hacer temblar este ascensor. ¡Listillo!.

- Ja, ja,ja... - su mirada furiosa y el tono de sus palabras me han hecho reír, y subir la mano. Pero no he relajado el abrazo - De acuerdo me has pillado, pero tan solo era para distraerte otra vez. ¿No te das cuenta?, cada vez que consigo distraerte, han pasado varios pisos...

Sus ojos me dicen que no está segura de si lo que le estoy contando es una milonga o si, efectivamente, mis trucos funcionan. Ya vamos casi por la mitad del camino y quizá el darse cuenta de ese detalle le ayuda a relajarse un poco.

- Bueno - admite a regañadientes - quizá tengas razón. Y que esto del vértigo tan solo necesite distracción para que lleguemos arriba, pero como se te ocurra...

No la he dejado terminar. Para reñirme con convicción ha tenido que mirar hacia arriba, a la cara directamente y no he podido resistirme... Tan solo he tenido que bajar un poco la cara, sus labios son suaves y tentadores. El primer beso es un poco brusco, pero poco a poco se va relajando, sorprendentemente no me ha rechazado, más bien todo lo contrario, y me deja hacer. Me la he jugado a una carta y me ha salido el as. Estaba tan cerca, tan frágil y tentadora, que no tenía elección... Me separo un poco y veo que ha cerrado los ojos.

- ¡Funciona! - le digo suavemente - Ves como mi...
- ¡Cállate y bésame, tonto! - Me replica, rápidamente, sin abrir los ojos. Acercando su cuerpo al mío un poco más - necesito distraerme. Me gusta como besas y como hueles...

Sus deseos son órdenes, pienso, mientras la estrecho un poco más entre mis brazos, notando como su cuerpo se relaja poco a poco, beso a beso... Sus brazos me han rodeado el cuello y una pierna se mete entre las mías subiendo lentamente. A estas alturas (nunca mejor dicho) mi erección es más que considerable e inevitablemente, su rodilla roza mi parte más sensible... y compruebo como es capaz de sonreír mientras me besa.

- Puedo comprobar que no te afecta el mal de altura - me dice mientras me mordisquea el labio inferior, sonriendo traviesa - me gusta lo que noto a través del pantalón.
- A mi me encanta lo que noto a través de tu falda - le contesto, acariciando su espléndido trasero.
- Al final va a resultar interesante este viaje - me replica, susurrando mientras muerde suavemente mi oreja y me acaricia la nuca.
- ¿También vas a la fiesta? - le pregunto, bajando mis labios por su cuello, en dirección sur, hacia su escote.
- Si. Pero, recuerda que debes mantenerme distraída. ¿Cuántos pisos quedan? - pregunta, mirándome fijamente a los ojos comprobando mi reacción, mientras libera mi brazo y con la palma de su mano, me acaricia por encima del pantalón, mientras echa ligeramente el cuello hacia detrás aceptando mis besos explorando su escote.
- Piso 40. ¿Ves? Mi táctica funciona - le digo acariciando su pecho por encima de la tela del vestido.
- Y la mía, también. No queda nada para llegar, ¿verdad?...
- Muy poco -le contesto. Justo antes de coger su nuca y atraer sus labios otra vez hacia los míos dispuesto a ponernos azules por la falta de oxigeno. Un beso de los de película, que ella se esmera en replicar. Las lenguas buscándose en una danza frenética. Los dientes aplicándose en mezclar placer con la dosis justa de dolor.

Su cuerpo reacciona de manera involuntaria, me aprieta contra el cristal del ascensor, su sexo contra el mió. La respiración cada vez más acelerada y el ascensor casi llegando a su destino. De repente, ella se aparta, volviéndome a coger del brazo para no caer. Me mira muy seria y se inclina. Por un instante se suelta de mi, se mete la mano por debajo de la falda y empieza a estirar moviendo las caderas. Un pequeño tanga negro, asoma por el borde inferior de su falda. Piso 58. Levanta un pie, luego el otro. Y me pone el minúsculo trozo de tela delante de la cara.

- ¿Lo ves? - me pregunta sonriendo maliciosa. Mientras me abraza fuerte de nuevo. No puede ver a su alrededor y se concentra en mirarme fijamente a los ojos.
- Casi no. Es muy pequeño y de un precioso encaje. - le contesto sorprendido, mientras de reojo miro el panel de control: piso 60.
- Muy gracioso - replica con un mohín - toma - me dice muy seria, mientras mete el tanga en el bolsillo de mi americana - al terminar la fiesta, te espero en la puerta del ascensor, ya que te necesito para volver a bajar. Pero dado que te gusta jugar, he pensado que voy a jugar un poco contigo.

Me vas a ver en la fiesta, pero te prohíbo acercarte, o soy capaz de bajar andando. Me podrás mirar, me escucharás reír, olerás mi perfume. Cuando estés distraído, pasare cerca para recordarte con el movimiento de mis caderas que te estoy esperando mojada, excitada, y no llevo nada... - y mientras se me insinúa, coge mi mano y la acerca a su sexo por encima de la tela - vas a sufrir durante toda la fiesta sabiendo lo que sabes pero sin poder tocarme - me dice antes de soltar mi mano.

Piso 65. ¡Pling¡. La campanilla nos avisa de que el ascensor ha llegado al final del trayecto. Justo antes de que se abran las puertas del ascensor, ella me acaricia suavemente la mejilla, empujando mi mandíbula inferior con un dedo para ayudarme a cerrar la boca. Se alisa la falda y en unos de esos movimientos tan femeninos se atusa el pelo y recoge su bolso del suelo.

Se suelta de mi brazo y justo antes de salir, se gira un instante para ponerse la mano en el culo y decirme:
- Empieza el juego. Recuerda cual es el premio... ¡Hasta luego listillo!.

Al abrirse las puertas, la música, el humo y el ruido de la fiesta inundan el pequeño cubo de cristal. Ella sale rápidamente, antes de que entren dos parejas en el ascensor.

- ¿Vas a bajar? - me preguntan.
- ¿Eh?, no, no. Quiero salir, por favor - les contesto distraído, mientras meto la mano en el bolsillo de la americana rozando el delicado encaje, acariciándolo, enredando el dedo en el hilo, como si fuese un amuleto y salgo justo un segundo antes de que se empiecen a cerrar las puertas.

Todo lo que sube, tiene que bajar - me digo a mi mismo en voz baja, mientras, al fondo del pasillo, puedo observar un precioso culo que se aleja, insinuante, hacia la fiesta...

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3 Marzo 2014

Chocolate con sal. (#HistoriasdeBar)

Tras un largo día de trabajo, la aburrida y conocida autopista, me devuelve a casa y me permite activar el control de velocidad, que conecte el "piloto automático" y me relaje por fin, conduciendo rumbo sur con el mar a la izquierda y el sol cada vez más bajo en el horizonte. A la altura de Benicassim justo cuando iba a cambiar un aburrido programa de la radio por un CD de Ben Webster, he escuchado una voz que llamó mi atención al mencionar distintos tipos de chocolate. Justo antes de poner el CD, hablaba sobre el Chocolate con Sal...

Ha sido empezar a escuchar "Tenderly" y mi mente se ha puesto a recordar... el paisaje desaparece en otros horizontes que proceden del pasado, y yo ya no estoy conduciendo hacia casa. He vuelto a Formentera, y estoy... estamos en aquella pequeña habitación del Sa Vinha, el hostal de Pepe Mayans en Es Pujols. A esas paredes blancas y al reflejo azul del mar entrando por la ventana. Solo teníamos tres días y habíamos decidido escapar, Rita del bar y yo de la furgoneta y del café... Nos apetecía estar juntos y, sobre todo, solos, por primera vez. Casi todo estaba por descubrir entre nosotros. Nuestros gustos, los defectos. Todo era nuevo y excitante. El Sol, la playa, tu cuerpo, esa sal sobre tu piel y el deseo que florecía en nuestras miradas...

Aquella última tarde la siesta se resistía. Fuera se escuchaban las chicharras y, a lo lejos, las olas rompían contra la playa. Yo me acababa de duchar, intentando mitigar el calor, y al salir del baño con la toalla alrededor de la cintura, allí estabas tú, desnuda y radiante, tumbada boca abajo sobre las sábanas blancas, mordiendo pequeños trocitos del chocolate con sal de las salinas que habíamos comprado esa mañana en el mercado del Pilar. De la Mola...

- ¿Está rico? - te pregunté, mientras me secaba el pelo con la toalla.

- ¡Muy bueno! - me contestaste, sorprendida, girándote un poco y dejándome así, contemplar tu precioso costado. Repasé con la mirada en silencio, la curva de tu hombro, la perfección de tu pecho adornado con ese pezón moreno, erguido  y desafiante, tus caderas y esas interminables piernas. Al llegar a tus pies tu voz me sacó de la ensoñación - si quieres tendrás que darte prisa; es tan fino que, con este calor, se me derrite en los dedos. Toma - me dijiste, acercándome una pequeña porción.

Y claro que la cogí: pero fueron tus dedos llenos de chocolate mi objetivo. Primero el pequeño trozo, y luego el resto que se había quedado pegado en tu piel por el calor. Extendiendo tu dedo índice y mirándote a los ojos, me dediqué a lamerlo con todo mi entusiasmo. Lentamente, pasé al dedo pulgar y me entretuve entre los otros dedos... consiguiendo llamar tu atención...

- Imagínate - te dije, mientras te ayudaba a darte la vuelta y ponerte boca arriba, cómodamente en la cama - que con el calor que hace... ¿qué sucedería si reparto pequeños trocitos de chocolate por tu todo cuerpo...?.

-No sé... - contestaste con falsa ingenuidad, mientras te acomodabas una almohada - ¿qué crees que pasaría Andrés? - me preguntaste con un mohín, mordiéndote a continuación, el labio inferior...

- Yo creo que si colocamos un trocito aquí, cerca del corazón... Y mientras hablaba cortaba un pequeño trozo que dejé de lado, suavemente, en la cima de tu pecho, apoyado en el pezón que, obediente reaccionó inmediatamente a mi suave caricia - Si te estás quieta no tardará mucho tiempo en derretirse. Entre el calor de tu piel y la calina de mediodía... entonces creo que debería ocuparme de él... - te dije susurrando mientras, mirándote a los ojos, acercaba la punta de mi lengua para lamer tu pezón donde el chocolate había empezado ya, a derretirse...

Recuerdo perfectamente como tu sonrisa me guió para atender el deseo que, urgente, brillaba en tus ojos. Mi lengua hizo que tus pezones reaccionaran inmediatamente. Y fue tu boca y tu propia lengua la que buscó la mía para disfrutar también del sabor del chocolate robado en tu piel.

El calor subió varios grados, cuando se me ocurrió dejar otro trozo cerca de tu ombligo... Recuerdo que ahí se derritió todavía más rápido, y entonces tuve que apurar el último trozo que dejé delicadamente, en la cima de tu monte de Venus. Tu sexo sin vello, suave y tentador, era la superficie perfecta para dejar que el chocolate fuera derritiéndose lentamente, expandiéndose sin pudor. Los juegos, nuestras manos, nuestro sudor, ya habían conseguido elevar la temperatura de tu cuerpo de tal manera que en cuanto la fina lámina de chocolate reposó sobre tu piel, empezó a derretirse. Y claro,... me vi obligado a instalarme cómodamente entre tus piernas. El lugar que siempre había querido adorar de cerca. Fue un placer dedicarme a lamer esa piel tan delicada, a recoger con mi lengua y mis dedos las pequeñas gotas de chocolate que se deslizaban perezosas entre tus labios. Las de tu boca que urgente me reclamaba a veces y las otras que, cada vez más húmedas, eran el termómetro perfecto para medir la temperatura de nuestra pasión.

Lamer, chupar, morder... en esos instantes mi mundo se resumía en atender, dedicado, tus necesidades. Tus urgencias eran mis prioridades. Tu respiración alterada y los movimientos de tus caderas se acentuaban a cada caricia de mi lengua sobre tu sexo, buscando tu clítoris que estaba cada vez más caliente y excitado. Deslizaba mis dedos de abajo arriba, buscándolo, acariciándolo con delicadez para luego introducirlos muy despacio en tu sexo, sacarlos mojados de ti y chuparlos con devoción. No podías resistirlo más y te incorporaste, sentándote en el borde de la cama temblando de excitación. Con la piel brillante de sudor, las piernas abiertas y mi cabeza entre ellas. Yo de rodillas, delante de ti adorándote y devorando el poco chocolate que aún quedaba en tu piel... No me hizo falta mucho más para vencer tus últimas defensas. Y al dejarte caer hacia detrás gimiendo de placer, mientras me estirabas del pelo, declarabas tu incondicional rendición y tus ganas de que no terminara nunca esa tarde...

Y en verdad fue una tarde larga y luego una noche fresca, lo que nos ayudó a reponer fuerzas. Un baño a la luz de luna, una cena romántica y de postre... un recuerdo maravilloso.

El saxo de Ben Webster suena junto al piano de Oscar Peterson en Hannover allá por el año 1972 mientras una racha de aire hace que deje de soñar, agarre con fuerza el volante y me vuelva a concentrar en la carretera. No queda nada para llegar a casa. Una ducha, me cambio de ropa y todavía llegaré a tiempo de recoger a Rita en el bar. Mañana libra y creo que le gustará el sitio donde vamos a cenar. De allí a su casa hay un paso y esta vez me he asegurado de comprar suficiente cantidad de Chocolate con Sal...

(Imaginado con la complicidad de @eva_bruixa )

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16 Febrero 2014

La cabaña.

Suspiró profundamente y recogió de la mesa dos cubiertos y dos platos que limpió con mucho cuidado. Sin quitarse los guantes de fregar, recogió las bolsas de basura y las dejó abiertas en la parte de atrás de la cabaña. A lo lejos se podía escuchar como aullaban, hambrientos, los coyotes. El invierno estaba muy cerca, empezaba a levantarse un viento helado y un escalofrío involuntario recorrió su espalda.

Fue una gran idea alquilar esta cabaña tan aislada. Así, los dos solos, habían tenido tiempo para aclarar sin estridencias ni testigos incómodos, todos esos "malentendidos" que en principio fueron malas palabras, insultos, gritos y amenazas pero que con el paso de los años, se fueron transformando en golpes esporádicos y, sobre todo, un metódico e intenso maltrato psicológico que hacía imposible la convivencia. Afortunadamente, había resultado mucho más fácil de lo que creía en un principio: ya estaba todo resuelto y lo mejor es que todavía quedaban tres semanas de alquiler pagado. Sería tiempo más que suficiente. Recorrió el salón con la mirada, antes de juntar la puerta, sin cerrarla del todo. Bajó silbando bajito, alegre, hasta la orilla del lago, cogió dos piedras, se ajustó la cazadora, subió a la canoa y usando el mango del hacha se separó del embarcadero.

La usó para remar y llegar al centro de la corriente. Allí la dejó caer, ensangrentada, por la borda viendo como se hundía, rápidamente, hasta el fondo. Entonces se quitó los guates, metió una piedra en cada uno, hizo un nudo y los lanzó bien lejos. De pié en la canoa se detuvo un instante a contemplar el paisaje disfrutando del silencio, respiró hondo, cogió el remo y se alejó, sola, en busca de una nueva vida.

Versión larga del Microcuento presentado al concurso de La Ventana de la Cadena Ser.

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30 Enero 2014

Pero esta vez ella lloró...

Pero esta vez, ella lloró; aunque por la sonrisa que luce ahora su rostro, entiendo que por fin, son lágrimas de alegría.

Recuerdo las veces anteriores en las que no ha sido así. Hemos pasado muchos meses de sufrimiento. Días sin comer, noches en vela que nos dejaban con los nervios rotos... veintiuna veces. Se dice pronto, pero son demasiadas veces para cualquiera. Y casi consigue destrozarnos.

Pero creo que la sonrisa en su dulce rostro esta mañana rebela que, por fin, lo hemos conseguido. Los análisis que nos acaban de dar confirman que hemos ganado la batalla al cáncer.

> Microcuento presentado a la semana 14 del VII Edición de Relatos en Cadena de La Ser

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18 Enero 2014

La nota (#50Palabras) 3º

La nota

Encontró la puerta entreabierta, empujó suavemente y entró.
-¿Estas ahí? -preguntó asustada.

Silencio. Entonces vio la nota y una silla en mitad de la habitación. Se acercó y comenzó a leer:

"Te estoy observando. Si quieres seguir jugando, desnúdate, siéntate y déjate llevar...".

Ella asintió sonriendo. Y entonces se despertó.

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Mi tercer cuento publicado en 50 palabras [ web ]

Tags: 50palabras

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Entropía:
1. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
2. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
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#Al otro lado del espejo

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