San Fermín.
El frío de la madrugada se nota en el vapor que flota, condensado, delante de todos nosotros. Los nervios, la tensión, se puede masticar y bastaría que alguien hiciera una tontería para que todo el grupo saltara como uno solo.
Doscientos cuatro años me dan la suficiente experiencia para anticiparme a los problemas y, a pesar de que esta noche me he dado una vuelta por todo el recorrido del encierro, desde los corrales del Gas, hasta la Plaza, me gusta estar al tanto de los pequeños detalles. Junto a todos los ayudantes que van a estar vigilando el recorrido disfrazados de policías, barrenderos, sanitarios, volveré a hacer los encierros, protegiendo personalmente, a todos los corredores un año mas.
Ya casi es la hora. Cada vez hay más luz, mas ganas de que empiece el espectáculo. Veo que los pastores están listos y eso significa que dentro de nada el cohete saldrá hacia el cielo y su explosión dará la señal para que comience la fiesta. Miro a mí alrededor dentro del corral. Compruebo que todos los toros están en tensión y mis compañeros, los demás cabestros, también están preparados. Suena el estallido y las puertas se abren, toca trabajar protegiendo a los corredores.

Photo vía: Tengomipropioblog.
Microcuento presentado al IV Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín.
[ web ]
Deslumbramiento (m)
* Pérdida momentánea de la vista producida por un exceso brusco y repentino de luz.
* Obnubilación del entendimiento que provoca la fascinación por alguna cosa.
Al salir del patio, una explosión repentina de luz me dejó ciego durante unos instantes. Tenía que haberme acordado de coger las gafas de sol, porque siempre me pasa lo mismo. Fue en ese mismo instante cuando la anciana quiso entrar, no la vi y tropezamos los dos en el quicio de la puerta.
- Perdón - le dije - no la he visto. Me ha deslumbrado el sol al salir de la sombra a la luz.
- No se preocupe joven, a mi me pasa lo mismo cada vez que salgo por las mañanas - me contestó la anciana. Esta Vd. pálido, ¿se encuentra bien? - me preguntó atenta.
Bien, lo que se dice bien, no estaba, claro. No podía estarlo. Era imposible estar bien cuando el corazón todavía me latía a doscientos, tenía las manos sudadas y una más que considerable erección abultando mis pantalones mucho más allá de lo recomendable... Con razón la abuelita se había preocupado por mi salud, al verme salir de su patio. Supongo que mi cara sería el fiel reflejo de la confusión en la que se encontraba mi cerebro. Además del brusco paso de la penumbra del patio a la luz de la calle, creo que también influyó en mi mala cara el efecto del calor. Un calor interno sofocante, mucho más intenso que la alta temperatura en un día de Julio.
Necesitaba una ducha. Pero antes que la ducha, necesitaba encontrar un sitio tranquilo y pensar. No era normal, esto que me (nos) estaba pasando, no era normal.
"Por favor dímelo", solo tres palabras. Tres sencillas palabras que habían desatado la locura, a través del teléfono. Todo había empezado unos quince minutos antes. La luz roja parpadeando y el circulito verde...mensaje. Una sonrisa asomando a mi rostro al ver tu Chat en negrita.
- ¡¡¡Buenos días corazón!!!
- Buenos días ;)
- Huelo tu pereza, desde aquí... ¿Has descansado? (algo mas?)
- Pereza....hoy ese es mi nombre
- Dulce y suave como tus labios. A pesar de no pintártelos, me encantaría quitarte ese brillo sutil... ¡A besos!
- Brillo sí me doy.....
- Mmm que tentación de buena mañana. Me encantan los que dicen que son permanentes, es mentira... No resisten un buen cuerpo a cuerpo, o un apasionado boca a boca. Suave, pero intenso, un juego de lenguas y pasión, de los que aceleran la respiración y hacen que te quieras pegar al cuerpo del otro, que no sepas que hacer con las manos (¡o si!) y de repente te separas y me quedo mirándote y empezamos otra vez...
- Bésame
- Te estoy besando...te miro a los ojos y veo tus ganas, siento tu cuerpo pegado al mío y te beso despacio al principio. De repente una lengua me pide un poco más y entro con mi lengua buscando la tuya. Las salivas se confunden, los cuerpos se entrelazan, me esperas con el alma abierta de par en par, deseando recibirme dentro de tu boca, arroparme con tu lengua y con todo tu cuerpo. Quieres fundir tu deseo con el mío, tu piel con mi piel, tu aliento con el mío y que sea solo uno.
- Una mano en tu nuca, la otra en tu cadera, no quiero separarme de ti. Ya no te queda brillo en los labios, pero ahora es cuando empiezo a notar ese sabor tan especial a deseo... mi pierna que busca separar las tuyas, que encuentra el camino hacia arriba, hacia tu pasión. Me tienes cogida la cabeza con las dos manos y tu lengua se ha multiplicado, tiene vida propia y reclama, urgente, una ración doble de pasión... respirar es innecesario. Absorbemos el aire por la piel excitada, con todos los poros abiertos. Y de repente...
Mi mano aparta el pelo de tu cuello y mis dientes no tienen otra misión que morder tu carne dulce y ardiente. Luego la lengua calma el sabor del mordisco y va bajando, lamiendo el sudor de tu piel...
- Yo quiero todo eso. ¡Y lo quiero ahora!
- ¿Solo eso?... Eso, es solo el principio!
- Pero es todo tuyo y lo sabes. Ahora mismo me imagino esa sonrisilla... Y se me eriza la piel.
- Si supieras lo que me apetece ahora....
- ¿No lo se ya?
- Siiiiiiiiiii
- Pues a mi también. ¿Tenemos puntillas? ¿O un tirante que apartar? ¿O nada?
- Nada
De repente, noto como la temperatura ha subido varios grados... Y, sin embargo, un escalofrío me ha recorrido la espalda... y tengo una urgencia:
- Quiero verte.
- ¿Y qué es, exactamente, lo que quieres ver?
- ¡Sorpréndeme!
- No, quiero que pidas
- ...Que supliques, que me adores, que te mueras por mi... Ja,ja,ja... Te quiero toda, pero para empezar: Un trozo de tu costado, desde tu pecho hasta la cadera, justo ahí donde dejaría caer una lluvia de besos...para empezar
Pling. Aviso. Y una foto donde puedo ver su hermoso costado, desde el pecho derecho hasta más abajo de la cadera, aparece en la pantalla.
- ¿Te ha gustado lo que has visto? ... Pues pide más
- Creo que voy a tener que buscar una esquina donde sople un poco más de aire, esta empezando a hacer demasiado calor. Date la vuelta, por favor, quiero ver tu espalda. ¡Toda!
Otra vibración: otra foto. Había decidido, prudentemente, quedarme cerca de un árbol. Su sombra me tapaba la luz y podía apreciar en su desnudez la espada que me ofrecía. Entera, toda. Hasta su precioso culo.
- ¡Cuanto trabajo cielo! Y que agradable... y ahora tu cara, quiero verte la cara y tu sonrisa. La foto de tu alma ya la llevo en el corazón. Y en otra parte algo abultada de mi cuerpo.
La cara de S. con apariencia de no haber dormido mucho, pero a la vez con una luz traviesa en la mirada, me contemplaba desde la pantalla a los tres segundos.
- Este si que es un comienzo de semana especial. Muy especial. Me gusta tu mirada... ¡Y todo lo demás! Hay una pequeña marca de la ropa interior, justo debajo de tu pecho... Me perdería por esos surcos con mi lengua, muy muy despacio, hasta que no pudieras aguantarte más...
- Voy a ir tarde a trabajar pero necesito......
- Dime, que necesitas...
- Necesito placer.
Un escalofrío recorre en ese instante mi espalda. Pero esperaba esa respuesta y estaba preparado...
- ¿Necesitas, ahora que tengo toda tu piel a mi merced, sentir como cojo uno de tus pechos con mi mano? ¿Como aproximo lentamente mi lengua sin dejar de mirarte a los ojos, a ese pezón que esta esperándome? ¿Necesitas que te diga que te acaricies lentamente el estómago, que vayas bajando despacio, buscando la humedad de tu sexo? ¿Es eso lo que necesitas?
- Si. Lo necesito, ahora. Ya.
- Desnuda bajo las sabanas, son mis manos las que te tocan, mis labios los que te chupan y mi boca la que te muerde los pezones. Mis dedos, los que ya han entrado dentro de tu sexo húmedo. Ávido de placer, pero es tu espalda la que se arquea, la que se prepara para recibirme dentro, duro y dulce,
- Por favor dímelo, susúrramelo, necesito oírtelo decir... Llámame.
Eso si que no me lo esperaba. Esa petición urgente y apresurada. Pero no me lo pensé dos veces y marqué su número. No lo dejó sonar ni una vez, sabía que yo también deseaba llamarla. Al otro lado de la linea, su voz jadeaba, parecía muy excitada.
- Necesito que me lo digas al oído, no quiero, no puedo escribir más. He dejado el teléfono al lado de la almohada y quiero que me folles con tu voz. Necesito sentir tus manos recorriendo mi cuerpo, necesito que muerdas mis pezones mientras yo me toco. Estoy muy mojada ¿sabes? Sola, desnuda y mojada. ¿Que piensas hacer...? ¿Vas a darme ese placer?
- Te diré lo que voy a darte. Quiero que cierres tus ojos y que solo escuches mi voz. Que sientas que tus manos son las mías. Soy yo quien está cogiendo tu pecho. Es mi mano la que lo aprieta fuerte. Mi lengua la que sube por él, trepa buscando ese pezón excitado y duro, mi boca la que lo chupa y mis dientes los que lo muerden. Despacio, pero no flojo.
Mientras, mi otra mano esta buscando tu sexo y ya lo tiene a su merced, abre las piernas que tengo ganas de hundir mis dedos, despacio, pero muy dentro de ti. Me encanta el sabor de tu sexo cuando estas excitada. Y encontrar tu clítoris y jugar con él. Siempre mirándote a los ojos. Viendo como te vas dejando llevar por mis manos.
Mientras hablaba concentrado en las imágenes, en mitad de la calle, del tráfico, del ruido, buscaba un rincón donde poderme meter. Un sitio en el que refugiarme para seguir a su lado, para no perderme detalle de cada uno de sus deseos, de sus gemidos, para lograr llevarla al orgasmo al otro lado de la línea. Miraba nervioso, buscando un refugio adecuado, cuando vi aquél enorme portalón abierto. Era un edificio antiguo y la sombra fresca del interior parecía un bálsamo para mi excitación. Miré hacia el interior, pero no había nadie. Entré rápidamente y me aproveché del rincón que se formaba entre un enorme arcón y la puerta de madera labrada que daba a la calle, lo que me permitía ver si alguien entraba o salía y no ser visto en un primer momento. Entorné un poco más la puerta y la penumbra se apoderó del patio...y justo en ese momento....
- Tócate. ¿Donde estás? Quiero que te toques, que pienses que soy mis manos las que están cogiendo muy fuerte tu polla. Que es mi boca la que está chupándola, que es mi lengua la que juega con ella, que son mis dientes las que la muerden fuerte. Que dura la noto. La quiero dura para que me la metas toda dentro...la quiero toda dentro de mi. Que me llene, que complete ese hueco que tengo, que me folle despacio, pero hasta el fondo...quiero que te toques conmigo. Dime ¿Donde estas?
- acabo de entrar en un patio que estaba abierto, es fresco y está en penumbra, pero si sigo tocándome no voy a poder salir de él. ¿Notas como la tengo de dura? ¿Sabes como me has puesto?, ¿no me notas enorme dentro de ti?.
Unos gemidos entrecortados y unos pequeños gritos de placer al otro lado del altavoz me indican que S. esta teniendo un orgasmo. Su respiración entrecortada, sus gemidos...los tengo tan cerca que la excitación de mi polla empieza a ser terriblemente peligrosa, si la rozo un segundo más organizaré un gran desastre. Siento como, al otro lado de la línea, su respiración empieza a calmarse... y en ese momento apareció la anciana. Justo en el momento en el que me disponía a salir para que me diera un poco el aire y notando los jadeos de S. al otro lado, me tropecé con la señora cuando ella quería entrar en su portal.
- Perdón - le dije - no la he visto. Me ha deslumbrado el sol al salir de la sombra a la luz.
- No se preocupe joven, a mi me pasa lo mismo cada vez que salgo por las mañanas - me contestó la anciana. Esta Vd. pálido, ¿se encuentra bien? - me preguntó atenta.
...
Como podía contarle que tenía el cerebro partido en mil trozos, el corazón latiendo a doscientos y un bulto mucho más grande de lo normal entre las piernas...¿como?... Y entonces, sin avisar me dio la risa, esa risa floja que se adueña de tu cuerpo, y S. se contagió.
- ¿Que te sucede? ¿Porque te ríes? - me preguntó.
Con lágrimas en los ojos, consigo alejarme lo suficiente del patio para poder explicarle la cara que ha puesto la anciana cuando me ha visto salir, mientras ella seguía gimiendo en mi oído. No puedo parar de reír, y contagio esa alegría a S. que empieza a troncharse al otro lado de la línea. Me la imagino, desnuda bajo las sábanas, todavía mojada y con todos los poros de su piel abiertos, riendo a gusto, satisfecha después del orgasmo.
Y me siento bien, muy bien. Me encanta oír su risa y reírme junto a ella...
- ¿Sabes?, Me encantan estas locuras - me dice S.
- ¿Que seria de nosotros, sin esos gramos de locura? ¡Bendita locura. Siempre!
- ¿No estamos locos verdad?
- Lo justo, solo lo justo, para poder seguir...
- Sé que estos momentos terminarán cualquier día pero mientras tanto me encanta disfrutar de ellos, quiero hacerlo, sin dejar pasar ni uno.
- Disfrutemos pues... Volemos en ese avión tan querido, por encima del desierto y las dificultades, escuchando el viento... Buscando nuestro sitio, mas allá del mar. No importa el tiempo ni la distancia...
- Que así sea
- ¡Por cierto, te he dejado una canción en tu buzón!
- No se que sucede, me ha debido de picar algo porque quiero más, no me he levantado todavía......¿Qué me pasa hoy?, me comenta S. y me la imagino con un mohín gracioso en su cara.
- Algún bicho malo habrá sido - le contesto. Venga perezosa que he de ser malo ahora, ¡arriba! Tengo que colgar, me están esperando y no puedo llegar mucho mas tarde. Un último beso, tu a la ducha y yo a tomarme un algo bien frió en el primer bar que encuentre, no puedo llegar de esta manera a la reunión.
- Un beso dulce mi amor. ¡Gracias por regalarme este despertar tan especial.
- Dos besos. Como siempre, el placer ha sido compartido. ¡Que no te quepa la menor duda¡
El teléfono casi sin batería, una reunión a la que llego tarde, pero mi sonrisa de oreja a oreja le consigue sacar nuevos colores a esta mañana. Todo lo demás ya importa poco...

Cuento escrito a cuatro manos y muchas risas, con Encarna Viva .
Foto vía daxxxx Posted by lovely-hardride
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Sabiduría.
Hay ocasiones en las que nuestro cuerpo (mucho más sabio que nosotros) se deja llevar por su ancestral sapiencia y nos sorprende a nosotros mismos ordenándonos sin palabras, lo que debemos hacer. No es una cuestión de principios ni de finales, es sencillamente que ocurre lo que tenía que ocurrir... Ya puedes haber planeado la escena, pensado el decorado y/o los detalles, dispuesto hasta el último elemento del atrezzo, que las cosas pasarán como tengan que pasar y seguramente no será como lo habías planeado.
Por eso creo que no te sorprendió lo más mínimo nuestro primer beso en los labios, ya sabías que sería así, algo sencillo y natural después de tanto tiempo deseando vernos. Tampoco te sorprendió, cuando subimos a tu coche, que te cogiera la cara y te atrajera hacia mi... los dos lo sabíamos, los dos lo estábamos esperando, fue algo casi inevitable. Mágico, pero así mismo natural. Los labios devorándose, las lenguas buscando completar lo que les faltaba, la respiración agitada, las sonrisas, cómplices inevitables.
El brillo de tus ojos, pero sobre todo tu voz sugiriendo:
- ¿Vamos a un Hotel?. Era otro de los pasos inevitables, algo tan natural como bajar la ventanilla ya que estaba empezando a hacer calor.
- Vamos donde quieras ir tú, pero... ¿porqué no vamos a tu casa? - te contesté.
De nuevo, me pareció algo de lo más natural. Quería que te encontrases cómoda, tranquilas, a gusto. Y que mejor manera de hacerlo que estar en tu terreno, en tu casa. En un principio sorprendida, luego complacida y al final creo que emocionada, me miraste y sin decir nada arrancaste el coche. Como era de esperar, mi mano tardó poco en acabar en tu muslo y tú me preguntaste varias veces si estaba bien, si me encontraba a gusto... No podías imaginar que en esos momentos, solo necesitaba el viento en la cara y oler tu perfume para sentirme completamente feliz.
Diez minutos más tarde llegamos al garaje. También era lo más natural del mundo que antes de entrar en el ascensor, te volviera a besar, apasionado, cogiéndote de la cintura. Y que, faltaría más, tu me contestaras, confirmando que tus ganas eran tan grandes como las mías. Dentro del ascensor, solos, tuvimos cinco pisos para comprobar que no hay pintalabios que aguante una prueba como la que estábamos haciendo nosotros: siempre desaparecen. "Planta quinta" nos dijo la máquina. Justo a tiempo para recomponer el gesto, antes de salir nosotros y dejar pasar a una vecina con su bebé.
- Buenos días - saludó, con "excesivo" interés.
- Buenos días Lola - le contestaste dejándola atrás rápidamente.
Buscar en el bolso el llavero, abrir la puerta, entrar, dejarme pasar y cerrar detrás nuestro. En total unos cinco segundos. Una vez dentro, con la espalda contra la puerta, ni dos, tardé yo en lanzarme a seguir comiéndote las ganas y la boca. El bolso cayó al suelo, al lado ya estaba uno de mis zapatos. Tu blusa, con esos botones tan bonitos... me recreé quitándolos despacio, intentando que no se notara mucho el temblor de mis manos. Mientras besos y caricias se desparramaban por toda la geografía de tus pecas. Tu cuello, asediado, rindió la plaza; lo giraste y lo ofreciste entero para morder... Y allá que fui, obediente a rendirte honores. Al final, sin más botones te ayudé a quitarte la blusa descubriendo un precioso sujetador de encaje, del cual poco me dejaste disfrutar. Fuera mi camisa, sin desabrochar. Bajar una cremallera y abajo la falda.
Fuimos dejando por el pasillo un reguero con la ropa... nada importaba. Solo sentíamos nuestras manos, nuestra piel, nuestro deseo. A mitad del pasillo, ya andaba mi mano por tu sexo... atrevida y audaz acariciándote. Haciéndote parar, apoyada contra la puerta del baño cuando llegó el primer orgasmo. Dejándote sin aliento, con la boca abierta, que yo aproveché para morder...
Besos, mil besos. Un ataque fulgurante de besos nos llevó hasta el borde de tu cama. Un segundo. Nos paramos de pie un instante, mirándonos a los ojos... sin hablar. Hasta que me acerqué a tu oído, rozando tus pezones excitados con mi pecho para decirte:
- Supongo que sabes lo que va a pasar ahora.
- No, no sé nada. ¿Que va a pasar? - me contestaste, pícara y juguetona. Sonriendo de medio lado...
- Que te voy a comer - te dije, mientras bajaba besando tus pechos, chupando esos pezones duros. Por tu estómago, acariciando tu costado, aprovechando para bajar tus braguitas, dejando al descubierto tu secreto más dulce....
Y, a partir de ahí, el tiempo se detuvo... y todo fue tan dulce... tan natural.
••••
Dentro de un tiempo, cuando recordemos este encuentro, seguramente veremos que al final lo único importante, lo que vale la pena, lo que permanecerá, fueron los diez minutos de paz que tuvimos después. En silencio, desnudos, abrazados el uno al otro, viendo pasar las nubes blancas sobre el fondo azul de cielo, mientras una dulce sensación de abandono, nos llenaba a los dos de paz.

Hay varias maneras de vivir, pero solo tenemos una oportunidad de hacerlo.
Tacones y carmín.
Esta noche estoy sentado de espaldas a la entrada del bar de Chico, al fondo de la barra en uno de los pequeños reservados y puedo escucharla entrar, antes de verla acercarse observando su reflejo en los espejos de la barra. El ruido de sus tacones resonando decididos sobre el viejo suelo de madera, no presagiaba nada bueno.
Cuando se paró a mi lado supe que aquella noche, hiciera lo que hiciese, yo era la presa que ella había elegido. Bajo la luz tenue de las viejas lámparas pude observar que fuera llovía porque su abrigo goteaba ligeramente. Siguiendo el rastro del agua mi mirada se fijó en la piel negra brillante de unos preciosos zapatos de tacón, subió lentamente disfrutando de la perfección de sus piernas siguiendo la raya que discurría por la parte trasera de sus medias negras y se detuvo en esas caderas que siempre fueron promesa de noches eternas.
Ella seguía de pie a mi lado, los pies bien plantados en el suelo, su abrigo goteando, esperando paciente a que levantara poco a poco la cabeza buscando ascender hasta su pecho. Mientras dejaba que su perfume removiera los recuerdos, tuve que parar un instante abrumado por tanta belleza ceñida en ese pequeño y elegante vestido negro que tan bien conocía. Pero ella sabía que lo mejor estaba por llegar y esperó hasta que la miré a la cara, buscando sus labios absolutamente rojos, bebiéndome su mirada...
Cuando vi cómo me observaba, al adivinar la intención que dormía en el fondo de esos ojos negros, supe sin lugar a dudas que mi suerte estaba echada. Desde aquel momento, reflejarme en el abismo oscuro de sus pupilas sería lo mejor y lo más peligroso que haría nunca. Así que una vez tomada la decisión, cogí la copa, la apure de un trago, me levanté y cogiendo el peligro por la cintura salimos del bar en busca de nuestro destino.
Desde la barra Chico sonreía al vernos pasar...
Inspirado por @rutims

Photo vía 0ololao0
Frio. ( #HistoriasdeBar )
El invierno se resistía a marchar y esta primavera estaba demorando mucho su llegada. Así que los cafés con leche era lo que mas me pedían, sobre todo los habituales del primer turno, esos personajes madrugadores que nos ponían en marcha la ciudad todos los días.
-Rita, uno con leche bien caliente y largo de café, que menuda nochecita... -me pidió el encargado de las obras del Parking, entrando de los primeros, como siempre.
- Marchando. ¿Hay sueño Emilio? - le contesté.
- Es que he estado media noche en vela. ¿No te has enterado? - me preguntó mientras le daba el primer sorbo a la taza.
-¿Que ha pasado? - le pregunto.
- En el paseo. ¿No recuerdas que casi ya llegando al rió, hay un restaurante, justo detrás del Callejón del Aire? Hace varios años que un viejo llegó con una furgoneta decrépita, que, a duras penas aparcó en un rincón y ya nunca mas consiguió mover de allí. El dueño del restaurante lo "adoptó" y le dio trabajo: vigilaba el garaje a cambio de la comida. Dormía en la furgoneta y era conocido en todo el barrio por ser buena gente. Nunca se metía con nadie y se le podía ver los días de sol sentado en algún banco del paseo, siempre escribiendo. Pues como había habido unos robos en la obra estos últimos meses, se me ocurrió proponerle que vigilara el recinto por un poco de dinero. El pasaba varrias veces por la noche y le echaba un ojo al material, se sacaba para sus cosas y todos contentos. Pues ayer entraron a robar en la obra, me llamó la policia a media noche y cuando vine a ver que había pasado, no estaba el viejo, me pasé por la furgoneta y allí encontré la puerta abierta y al vejete muerto dentro.
- Vaya! - exclamé sorprendida - ¿que pasó?
- Parece ser que se murió mientras dormía. Así, sencillamente. Era mayor, pero los del Samur no supieron explicárselo. Lo mas curioso era la furgoneta por dentro. Nunca la había visto y me sorprendí mucho al ver que el vejete había convertido esa vieja lata en un hogar. Estaba limpia y pintada. Las ventanas que quedaban con cristal, tenían cortinas. Una tumbona de playa y una vieja colchoneta le servían para sentarse y dormir a la vez, pero lo mas curioso era la sestantería de cajas de cartón... y las libretas...
- ¿Las que? - le pregunté a Emilio, mientras le echaba un trago largo al café.
- ¡Las libretas!. Cientos de ellas. De todos los colores, llenas de una letra menuda y apretada. Parece ser que el vejete escribía. Y mucho. Todas estaban ordenadas, por fecha, metidas en las cajas... Algo muy extraño... La policía las ha dejado dentro de la furgoneta y se la ha llevado al depósito de vehículos con una grua, pero me ha dado tiempo, sin que se enteraran, a coger dos de ellas... las que el viejo tenía en las manos. Tienen una letra difícil de leer, pero curiosamente he logrado entender que una habla de ti, o mejor dicho: de tu padre...
- ¿Como? - le contesto sorprendida - ¿de mi padre?
- ¿Tu padre no se hacía llamar Chico?
- Si. Todo el mundo lo conocía así. ¿Puedo verla? ¿Me dejas? - le pegunto intrigada.
- Claro. Toma. En realidad he venido a traerteleas. Yo ya tengo mala vista, así que, dadas las circunstancias, mejor las lees tú... Y ya me cuentas. ¿Vale?
Y mientras decía eso, apurando el café, Emilio dejó sobre el mostrador unas monedas y dos libretas de gusanillo, una verde y la otra roja. Y se fue... En la portada de una de ellas se podía leer, en una letra menuda "Frio" y en la otra "Chico". Al cogerlas sentí como se me erizaba el vello y un ligero temblor recorrió mi espalda. Había pasado tanto tiempo...
#continuará
Estrellas fugaces.
Soy incapaz de pensar, solo puedo agarrarme a su pelo. Esa lengua suya me vuelve loco. No puedo hacer más que mirar su nuca mientras ella se afana en morder, lamer y acariciarme con su boca. La veo con las piernas abiertas, sus vaqueros y sus botas. Una camiseta gris ajustada pero que me deja meter la mano por la espalda buscando acariciar su piel, en un vano intento devolverle una mínima parte del placer que ella me está dando ahora.
-Hoy te toca sufrir a ti - me dice sonriendo mientras me lame despacio, de abajo arriba.
Parece increíble lo que es capaz de hacer. Y yo que presumía de experto en la materia, de necesitar solo mi lengua para hacer feliz a cualquier mujer (y no estoy hablando de charlar)... Pues vaya repaso me están dando... Se para... Un segundo. Uf!. Se aparta, me mira sonriendo mientras se relame. Me agarra con fuerza y me muerde justo ahí donde sabe que mas me gusta... Mientras juega con sus uñas y mi piel, haciéndome arquear la espalda. Yo, tan solo soy capaz de agarrarme de sus hombros o de acariciar su cara.
Esa cara que me ha saludado alegre, antes de invitarme a sentarme al otro lado de la mesa y levantarse, andando muy despacio hacia donde yo estaba, dejando que admirara que bien le quedaban esos vaqueros y como se movía, tentador, ese collar sobre su pecho. Lo que ya no soy capaz de recordad es como he terminado sentado en la mesa, justo enfrente de ella, ni como ha sido tan hábil de bajar la cremallera, meter su mano y empezar a jugar conmigo. Ha sido todo tan rápido... Y luego tan lento. Ahora estoy a punto. Ella lo sabe, se relame... Y apoyando una mano en mi pecho me deja acariciar el suyo mientras procede a un ultimo asalto, porque esta segura de que no podré resistir sus embates mucho mas tiempo. Esa lengua...
Llega un momento que veo pasar estrellas fugaces en el techo de su despacho cuando consigue que llegue a gemir, olvidándome de todo.

Photo vía underview
RANKING.
Según dice la RAE: (Voz ingl.).
1. m. Clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración.
**************
Es útil y necesario saber cual es el puesto, el lugar que cada uno ocupa en la mente, en el corazón o en las preferencias de los demás. Te ahorra mas de un disgusto saber si se puede o no se puede contar con el otro, o si dado el caso, salvará antes al cuadro que a tí, inconsciente en en suelo del museo incendiado.
Llega un momento en la vida que las listas, rankings o clasificaciones se hacen poco menos que impresindibles. En mi caso (solo puedo hablar, y no siempre, por mi mismo) cuanto mas mayor: mas zen. Sé lo que me gusta y lo que no... y muy poco mas. Dudo de todo y de casi todos.
Pero hay personas que usando esta definición de la RAE son capaces de establecer unos rígidos criterios de valoración a la hora de tratar con otras personas, con toda la complejidad que, a mi parecer, esa empresa conlleva. A ellos/as les proporciona una herramienta muy sencilla para establecer los límites, las fronteras. Para crear compartimensotr estáncos fáciles de aislar en caso de peligro. Unas cosas aquí y otras allí, de esto me ocupo, por esto me preocupo. Ahora subes dos puestos, ahora bajas cinco. Que maravilla de concreción, que decisón, que valor. Parece facil, pero no lo es. Hay que tener alma de taxonomista para ser coherente con los criterios de clasificación. Establecer normas rígidas y no ceder ante las numerosas presiones. Creer firmemente en la tarea y no dejarse llevar por distracciones pasajeras como sentimientos o afectos. Todo puede ser clasificado si se dispone el orden adecuado, ya que sin orden la vida seria un caos y eso no se puede consentir.
Desde mi punto de vista esto es una sandez y un engaño. El trato con personas debe regirse por otros parametros mucho más flexibles. La duda, la eterna pregunta, la curiosidad, el interés... son esos primos incómodos del ranking y la taxonomía. Los que nos mueven los cimientos, los que nos llevan a vivir al borde del abismo, equivocándonos pero aprendiendo.
No puedo entender determinados comportamientos, no puedo. Pero yo me pregunto el porqué no puedo hacerlo, mientras que otros sencillamente, no aceptan que pueda haber un hermoso paisaje tras la puerta cerrada donde metódicamente, elaboran sus listas, sin pensar siquiera que si abren esa puerta, quizá, descubran un mundo nuevo. Pero el miedo es un mal compañero de viaje.
*************
Taxonomía.
(Del gr. τάξις, ordenación, y -nomía).
1. f. Ciencia que trata de los principios, métodos y fines de la clasificación. Se aplica en particular, dentro de la biología, para la ordenación jerarquizada y sistemática, con sus nombres, de los grupos de animales y de vegetales.
2. f. clasificación (‖ acción y efecto de clasificar).
Disfrutarte.
Me he levantado muy temprano para preparar el desayuno. En silencio trasteo por la cocina poniendo en marcha el café, la tostadora; sacando la leche, los cereales... Me gusta la casa en esos instantes, silenciosa y tranquila, cuando todavía la quietud de la noche le gana la partida a los ruidos del día.
Cuando el café esta preparado, me pongo la primera taza y voy hacia la habitación con ella en la mano, pero me paro al llegar a la puerta, a mirarte como te despiertas despacio, mientras el día amanece y el sol ilumina poco a poco la ventana.
Extiendes tu brazo buscando el calor que mi cuerpo ha dejado al otro lado de la cama, veo como acaricias las sabanas. Quizá, con suerte, pueda pillarte abrazada a mi almohada, oliéndola, para luego desperezarte sin pudor. No sabes que te estoy mirando y solo te das cuenta de ello al girarte, justo antes de levantarte. Me miras y me guiñas un ojo.
Y allí estoy yo, apoyado en la puerta con una sonrisa pintada en el rostro y la taza de café que me quitas para dar un sorbo, al pasar camino del baño. Descalza, hermosa y radiante, con las chispas de mi deseo prendidas en tu pelo alborotado, te dejo pasar. Y tu lo haces muy despacio, porque sabes perfectamente que te estoy mirando el culo mientras te alejas andando.

Foto Vía : La dolce Vita
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Valencia, España
Ricardo
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1. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.
2. f. Fís. Magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
3. f. Inform. Medida de la incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales se va a recibir uno solo.
© Real Academia Española~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~
#Al otro lado del espejo

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